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lunes, 23 de septiembre de 2013

9 Con la mente de mi parte

Este blog propone un proceso de cambio paulatino. Si es tu primera vez, lee la entrada del 31/8 y luego sigue la cronología. Las entradas correlativas irán dando pistas para conseguir el objetivo que nos proponemos: liberarnos de una vez por todas de la necesidad irracional de comer que nos lleva a tener un cuerpo que no nos proporciona la felicidad que nos merecemos. 


¡Desde luego que tiene sentido hacerlo!


Da la sensación de que con todos los acontecimientos que nos rodean en el mundo, no resulta del todo serio ocupar nuestro tiempo en hacer este ejercicio sencillo que puede de una vez por todas cambiar nuestra forma de relacionarnos con nuestras emociones a través de la comida. Sin embargo, quienes os sentís identificados conmigo, sabéis de buena tinta que esa tontería de dejarnos dominar por la urgencia de recurrir a la comida, la bebida, el cigarrillo u otras substancias para ahogar la pena, el miedo, la soledad o la sensación negativa de nuestra elección, verdadera impulsora del ocholoco, resulta destructiva en otros ámbitos de nuestra vida.



Llevar las riendas 


Ser dueños de nuestra mente, tenerla a nuestro servicio en vez de estar a merced de ella, nos dará un gran poder, aumentará nuestra autoestima y nos permitirá acometer otras acciones que antes no nos atrevíamos a llevar a cabo porque en el fondo de nuestro corazón sabíamos que no poseíamos la suficiente fuerza para ello; nos lo demostraba todos los días el espejo. Este logro es de gran importancia no sólo para nuestra imagen externa sino también para nuestra paz interior. Por lo tanto, ya que resulta de tanta importancia para otros aspectos de nuestra vida,  cambiémoslo de una vez por todas.

El procedimiento

Para erradicar ese impulso irrefrenable, instauraremos otro impulso, también irrefrenable, que lo desplace. Una fuerza que nos lleve a parar automáticamente cuando nuestro subconsciente se dé cuenta de que estamos recurriendo a la comida con un fin que no es el de alimentarnos y nutrir nuestro cuerpo para que esté bien y feliz SIEMPRE, no sólo el segundo que dure el atiborre. Y la forma de hacerlo es con el ejercicio que explicamos en la entrada anterior.


Repitamos el proceso

Si no habéis hecho nunca el ejercicio, está descrito paso por paso en la entrada anterior: ¡A la porra con Sísifo!


Recordad que recurrimos a nuestra rabia para que nos impulse a actuar.
Es bueno hacer el ejercicio varios días seguidos para asegurarnos de que realmente conseguimos instaurar el nuevo impulso que erradique definitivamente el anterior. Por lo tanto, repetimos la primera frase hasta creérnosla, hasta que se manifieste en nuestro cuerpo de forma física, con movimiento, sudor, lágrimas, lo que sea. Aquí sí que nos debemos dejar llevar por la emoción.

YO, ………………………, VEO, OIGO, SIENTO Y SÉ, QUE NO ME DEJARÉ VENCER NUNCA MÁS POR LA ESTÚPIDA SENSACIÓN DE ……………..

La repetimos muchas veces  y luego pasamos a la segunda frase:

DEJARME VENCER POR ……………… HA HECHO QUE YO ……………………….

Repetimos hasta sentirla nuevamente en nuestro cuerpo, sentir esa rabia por todo lo que hemos sufrido y perdido al habernos dejado dominar por la emoción negativa. 

Luego pasamos a la tercera frase:

PARA DEJARME VENCER POR …………….  TENDRÍA QUE OLVIDARME DE…………………….

Repetimos todo lo que tenemos que nos hace feliz y demuestra que la sensación negativa es una creación de nuestra mente o quizá un recurso que utilizamos en el pasado y que en ese momento fue útil, pero que ya queremos descartar porque no necesitamos más.

Lo haremos varios días seguidos. Yo lo hago en la ducha, mientras me froto con furia. Funciona.


Resultados 

Desde el 31 de agosto he adelgazado sin hacer dieta. He estado de vacaciones y comido chocolate, galletas, tarta… ¡hasta nata y helado! He disfrutado sin necesidad de excederme ni atiborrarme. He compartido hermosas cenas y almuerzos, picnics con deliciosos quesos, patés y panes de la tierra. He compartido comidas hechas con amor por mi familia sintiendo que comía lo que me apetecía y no estaba reprimiendo ningún impulso.

Resultó natural parar de comer o tomar una pequeña ración para probar un sabor nuevo o compartir con los demás. Me sorprendí diciendo “No, gracias, ya he comido suficiente”, un montón de veces. Cociné y me bastó probar lo que había hecho, ni fue necesario comer una ración.

¿Os dais cuenta de lo que eso significa para mí, que he sido toda la vida la ciclotímica de la dieta?

Estoy muy feliz. Os lo recomiendo.


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