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lunes, 2 de septiembre de 2013

2 Alimento para la mente

Este blog propone un proceso de cambio paulatino. Si es tu primera vez, lee la entrada del 31/8 y luego sigue la cronología. Las entradas correlativas irán dando pistas para conseguir el objetivo que nos proponemos: liberarnos de una vez por todas de la necesidad irracional de comer que nos lleva a tener un cuerpo que no nos proporciona la felicidad que nos merecemos. 

¡Hola a todos!

A ver si nos entendemos: Estos kilos de más, serios kilos de más, nos están costando muchas cosas. 

Motivos 

Empecemos por nosotras mismas: Hay que ir a comprarse ropa a sitios especiales, para señoras gordas. ¿Y si no somos o no nos sentimos una señora gorda? ¿Si somos un espíritu moderno que quiere ir a la última, con un fruncesito debajo de las DD’s que a nuestra amiga le queda monísimo pero a nosotras hace que parezcamos a punto de parir y que nos cedan el asiento en el autobús?

Confiesa: ¿cuánto tiempo llevas sin mostrar las piernas porque te da vergüenza la parte trasera de tus rodillas, mal llamada corva, porque de curvo ya le queda poco? ¿Por qué será que tenemos en la mente una imagen equivocada de nuestra silueta? ¿No os sorprende veros en fotos?
-¿Quién será esa gorda? ¡Anda, si soy yo! 
En las fotos grupales yo siempre me pongo atrás, para que los demás me tapen el cuerpo, pero a veces hay fotos en las que una se ve de espaldas. Y son esas fotos las que más rabia me dan, porque la columna no está recta, sino curva. Soy una montaña redonda por delante y por detrás. 

¿Y la incomodidad de que cuando uno baja los brazos se toca con los codos la rueda del michelín? ¿O tener que calcular si el pandero nos cabrá en ese silloncito de brazos Reina Ana tan bajito y tan mono en el que nuestra consuegra pretende que nos sentemos a tomar el té? Otro cálculo: ¿Tendremos suficiente fuerza para levantarnos del césped después del pic-nic y de la tortilla que nos zampamos? 

 

Maestros 

La información que os daré ha crecido paralelamente al incremento de los kilos y es mi propio refrito de años y años de cursos, libros, talleres y encuentros con la gente. La lista de bibliografía y personas que se han acumulado en sesenta años de vida (¡sí, sesenta, todavía me queda una semana hasta llegar a los sesenta y uno!) me ocuparía todo el blog si la escribiese con letra chiquita. (No letra pequeña, ese es otro tema). Todos han colaborado, muchas gracias. Todos han sido maestros.


¡Gracias, maestros de mi vida!


Gracias por lidiar conmigo. Gracias por insistir, porque de no ser por vosotros y por vuestra paciencia y contribución, no habría llegado a donde estoy tras este descubrimiento maravilloso y este deseo de compartir con nosotras para que todas podamos lograr nuestra meta que es ponernos en forma para siempre.

Estaremos en forma for life, yeah!

Aprender algo es llegar a ese punto en que uno cree que ha inventado el tema, lo hace suyo, lo demuestra y se alegra de saberlo (y desde luego se olvida de agradecerle al maestro de vida (amigo, pareja, hijo, padre, compañero, etc.) que era quien machacó y machacó hasta lograr que lo aprendiéramos).

Muchas veces le informamos al maestro lo que aprendimos con esa certeza y esa alegría del descubrimiento. Y si el maestro nos quiere y sabe de este proceso fantástico e inexplicable, se calla y no nos pone en evidencia para satisfacer su ego.


Ahora me toca a mí hablaros de mi descubrimiento. No es necesario que estéis de acuerdo conmigo, esto es para ocupar vuestra mente y hacerle creer que está haciendo algo válido. Y quizá, quizá, algo de lo que leáis haga un ¡clic! y os sirva para nuestro propósito de llegar a estar diosas divinas por fuera y felices por dentro. 

Las seis necesidades humanas básicas

La mente siempre lo lía todo. ¡Es verdad! Está continuamente buscando desfacer entuertos. Con la mejor intención del mundo, mind you. Quiere protegernos, evitar que suframos. Por eso le daremos comida para que mastique un poco:

A los seres humanos nos motivan seis necesidades básicas.


Seguridad: la necesidad de estar a salvo y cómodo, de no sufrir.

Variedad: la necesidad de estimulación física y mental. Necesidad de tener sorpresa y cambio en tu vida.

Importancia: la necesidad de ser especial y digno de atención, de sentirse necesitado y deseado.

Amor y vínculo: la necesidad de ser amado y de relacionarse con los demás.

Crecimiento: la necesidad de crecer y desarrollarse

Contribución: la necesidad de contribuir a algo más allá de ti mismo.

Podemos satisfacer esas necesidades de forma positiva o negativa. Por ejemplo, la necesidad de seguridad hará que algunas compremos más de lo necesario para tener siempre la alhacena y la nevera llenas. La necesidad de variedad hará que comamos cuando estamos aburridas. La necesidad de amor y vínculo hará que nos “regalemos” una caja de bombones “porque nos lo merecemos”, etcétera.

Si os fijáis bien, las seis pueden dividirse en tres pares. El primero se refiere a la relación conmigo misma, el segundo a la relación con los demás y el tercero concierne un ámbito más universal o espiritual, por así decirlo.

Todos tenemos dos necesidades básicas preferentes. Esas dos necesidades que más nos impulsan son los factores más importantes de decisión en nuestra vida.

¿Cuáles son tus dos necesidades básicas preferentes?




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