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martes, 1 de octubre de 2013

11 El valor de la palabra


Este blog propone un proceso de cambio paulatino. Si es tu primera vez, lee la entrada del 31/8 y luego sigue la cronología. Las entradas correlativas irán dando pistas para conseguir el objetivo que nos proponemos: liberarnos de una vez por todas de la necesidad irracional de comer que nos lleva a tener un cuerpo que no nos proporciona la felicidad que nos merecemos. 


El otro a veces no te ayuda


Cuando vas de viaje a un lugar remoto como China y dices que ha visitado La Gran Muralla, nunca falta uno que te pregunta si has visitado otro sitio en China, cuanto más remoto, mejor. Por ejemplo, el nacimiento del río Mekong. Tú, que habías ido a China por negocios y apenas lograste hacer un hueco en tu agenda de trabajo para salir del hotel e ir a ver la Muralla, respondes que no. El otro, triunfalmente exclama que si no has visto el nacimiento del río Mekong no has visto China. Entonces, tu visita a la Gran Muralla se reduce a la mínima expresión: la Gran Muralla, maravillosa, desaparece bajo una emoción de frustración y el otro logra robarte el placer que te había causado caminar por aquellas piedras antiquísimas .


A veces nuestra mente tampoco ayuda


En algún momento de nuestra vida tomamos una decisión que nos marca para siempre, pero luego nos olvidamos de que lo habíamos hecho. Es increíble, ¿verdad? ¿Por qué tendremos ese defecto los seres humanos? Descubrimos algo, lo conocemos y luego nos olvidamos de haberlo hecho. A gran escala, se ve en exploraciones del mundo, viajes, información sobre el universo. Una civilización llega a un profundo conocimiento de algo y luego éste queda en el olvido. La civilización siguiente empieza de cero, como los gobiernos de tendencias opuestas: en vez de continuar con lo que un partido ha construido, se empieza algo nuevo que resulta más oneroso y complicado, no vaya a ser que la oposición se lleve el mérito.

Hacer el cambio solo


¿Recordáis que no me animaba a hacer el ocholoco sola por temor a que los vecinos me oyesen y pensasen que estaba chiflada? Me he dado cuenta de algo -este proceso es como capas de cebolla: vamos pelando y pelando hasta llegar al meollo del asunto-. En realidad, lo que temía era encontrarme con una emoción que me superase y no saber qué hacer. Y así pasó. Conecté con algo muy profundo que me produjo una gran congoja y lloré y lloré mientras saltaba y me sacudía con toda esa emoción de rabia y tristeza que había contenido creo que durante años. Supe con certeza que en algún momento de mi infancia yo había llorado con esa misma congoja y que había tomado la decisión de frenarme con la comida. Si fuese psicoanalista intentaría buscar el motivo, pero como soy terapeuta craneosacral, sé que eso da igual, que lo que importa es trabajar con la energía residual que hay en nuestro cuerpo. Podría ponerme a escarbar en mi mente durante años sin llegar a ninguna parte.

La información sola no basta


Hubo una época de mi vida en que estudiaba con uno de los muchos maestros que me han ayudado a llegar a donde estoy ahora. Éramos un grupo de gente que hacíamos un seminario tras otro. Todos los fines de semana tenía algún curso y me encontraba con compañeros que a veces eran los mismos y otras diferentes.






Lo mismo que con la visita a la Muralla China sucedía con los cursos y los libros. La gente parecía competir, acumulando información que no servía para nada, porque no se aprendía, no se integraba, no había cambio. Si hacías un curso, te echaban en cara que no hubieses hecho aquel otro, que sí que era bueno. Si decías que habías leído un libro, te refregaban que no hubieses leído tal otro, que era el que te daba LA VERDAD.

Así que te insto a que hagas los ejercicios. Sacúdete esas emociones negativas, sácalas de tu cuerpo. No pasa nada, quizá conectes con algo gordo, ¿y qué? Llorarás un poco, como yo, pero luego te sentirás mejor y las emociones escondidas en los entresijos de tus células verán la luz y se esfumarán para no molestarte más.

A veces el otro sí que ayuda


¿Sigues sin atreverte? Haz el ejercicio con alguien que te quiera bien, que desee ayudarte –olvídate del cursillista competitivo y destructivo que sólo busca engrandecer su ego-. Podéis hacer el ejercicio por turnos. Empieza tú con tu compañer@, formulándole las frases en forma de pregunta para guiarl@. De paso, vas aprendiendo el ejercicio tú.  

Empieza con el ocholoco (puedes volver a la entrada donde está explicado en el blog).

¿Qué emoción te hace comer?
¿Qué satisfaces momentáneamente con la comida?
¿Cómo te sientes cuando te has dado cuenta de que te has engañado?
Vuelve a preguntar una vez y otra hasta que tu compañer@ consiga entrar realmente en la rabia. Quizá la palabra que elija la persona no es rabia, quizá sea algo más fuerte. Tiene que ser algo que realmente conecte con esa emoción activadora. Cuando veas que está realmente furiosa, hazle decir las frases

Yo, … (su nombre)..., veo, oigo, siento y sé que nunca jamás me dejaré vencer por la estúpida emoción de …(nombra aquí la emoción que ha descubierto)… que hace que yo …(pone aquí lo que a la larga le hace daño)

Guía a tu compañer@ con preguntas:
¿Qué te ha impedido hacer esta emoción en tu vida?
¿Qué no has logrado hacer?
¿En qué te ha frenado?
Esta estúpida emoción de … (repite la emoción) ... ha hecho que yo no… (nombra aquí lo que no ha logrado porque esta emoción le ha frenado)

Luego vas a la tercera:
¿De qué tendrías que olvidarte para dejarte vencer por esa estúpida emoción?
¿De qué más?
Para dejarme vencer por esa estúpida sensación de …(repite la emoción) …………………….. tendría que olvidarme de …(nombra aquí sus logros, sus seres queridos que se ven afectados, etc).

Haz las preguntas rápido para mantener la energía muy alta. Repite una y otra vez.
Cuando acabe, podéis abrazaros, saltar, celebrar que lo haya logrado.
Luego o al día siguiente podéis cambiar los roles.

Estar en el ahora


El cuerpo no engaña. La energía residual que queda alojada en nuestras células es la que importa para nuestro cambio. Y el motivo por el que quedó atrapada da igual. No hay tiempo en la vida para ponernos a hacer arqueología. Hay demasiadas cosas hermosas en el presente para disfrutar. Suelta ese peso que te frena y reacciona al presente sin esas cargas que pertenecían al pasado y ya no te resultan válidas. Vive el aquí y el ahora, reaccionando al mundo con una actitud nueva, fresca, limpia, libre.



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