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sábado, 7 de septiembre de 2013

6 Seamos científicos

Este blog propone un proceso de cambio paulatino. Si es tu primera vez, lee la entrada del 31/8 y luego sigue la cronología. Las entradas correlativas irán dando pistas para conseguir el objetivo que nos proponemos: liberarnos de una vez por todas de la necesidad irracional de comer que nos lleva a tener un cuerpo que no nos proporciona la felicidad que nos merecemos. 

Home alone

Durante la semana me levanto entre las 6.30 y 7, me doy una ducha inmediatamente, me arreglo y salgo. He adoptado el hábito de desayunar en algún sitio cerca del trabajo para asegurar mi puntualidad. Y luego sigo encadenando clases y sesiones. Algunas veces vuelvo a mediodía, pero las más como algo fuera hasta llegar a la noche.
El sábado no madrugo. Sin la ducha inmediata, ya empieza mal la cosa. Desayunar en bata con un libro hace que todo se ralentice. El fin de semana entero se convierte en “Carros de Fuego”.



Chan chan cha cha chaaan chan,
chan chan cha cha chaaan chan,
chan chan cha cha chaaan chan,
chan chan cha cha chaaaan.


Al no madrugar, mi mañana se va volando con cuatro tonterías. Entre la ducha tardía, poner una lavadora, salir a hacer una compra y ordenar un poco, llega la hora de comer. Como en general no almuerzo en casa, me merezco algo rico, así que me hago una pasta, algo con fundamento, a decir de Arguiñano. Después de comer viene la tarde. Es fin de semana, tiempo de descanso, no hay nada importante que hacer.